Encerrados con la jefa

No puede ser otra vez voy a llegar tarde y la jefa me dijo ayer que si volvía a pasar me despediría, tal vez si entro con cuidado no me note.

Maldita sea ahí viene , balanceando esas tetas que nos ponen locos a todos, el golpear de sus tacones de aguja es lo único que se puede escuchar en toda la oficina, pues todos hemos perdido el aliento y apenas respiramos para no morir.

––Señor García, vaya a mi oficina en este momento –––grito mientras yo intentaba entrar en mi cubículo, luego dio media vuelta y se dirigió a contabilidad moviendo ese bello trasero.

––Señor Tapia, con usted también quiero hablar, vaya a mi oficina inmediatamente ––grito nuevamente la zorra de mi jefa, ¿qué se cree? ¿Nuestra dueña? no dejo tiempo para explicaciones, Tapia llego a mi ex-sitio de trabajo, yo recogía mis cosas porque sabía muy bien que de esos gritos no podía esperar nada bueno.

––Apúrate, no la hagamos esperar, a lo mejor no nos va tan mal ––dijo el pendejo de Tapia, mientras se acomodaba la corbata.

––No me vengas con eso, esta hija de puta nos tenía entre ceja y ceja desde que llegamos a la empresa, siempre nos ha tratado mal o que no te das cuenta, pelotudo ––le grite a Tapia mientras arrojaba dentro de la caja mis últimas pertenencias.

––Señores no tengo todo el día, los demás a trabajar ––dijo por el altavoz con ese tono de mierda, lleno de prepotencia y ya no quedaba más, no tenía ganas de ir a su oficina, si me va a despedir que me despida ya, porque humillarme más.

Tapia me tomo del brazo y a empellones me llevo hasta la puerta del despacho de la zorra malparida, hija de las reputa que la pario.

––Podemos pasar “señora” Cristina ––susurro el pendejo de mi amigo, golpeando despacito la mampara de cristal traslucido.

––Pasen, pasen porque tardaron tanto ––dijo desde dentro, yo iba tras Tapia así que demore más en ver lo que la doña nos tenía preparado.

Se había acomodado en su silla de siempre, pero había hecho mover el escritorio hacia la pared opuesta cerca a la puerta. Llevaba puesto solo un diminuto corsé, liguero y botas todo en color blanco.

Tapia y yo nos miramos las caras de pendejos que debíamos tener en ese instante. Entonces la jefecita nos sacó del trance.

––Venga muchachos no tienen ganas de comerse un buen bollo –– ronroneo  la más alta de las ejecutivas de la empresa, mientras como la más grande de las putas se abrió de piernas y nos mostró su coño afeitado y brilloso por la saliva con la que se estaba frotando.

Tapia más sumiso se dejó caer de rodillas y le comió el coño, en cambio yo que tenía muchas ganas de desquitarme por todas las veces que me humillo, me pare junto a la jefa, baje mis pantalones y saque mi verga por el agujero de mis calzoncillos, se la hice tragar completa lo que le provoco nauseas pero yo totalmente insensible se la metí cada vez más y más hondo, pronto mi pene estuvo tan duro como el acero. Ya desnudo me pare en los brazos del sillón y folle su boca como quien folla a su novia la primera vez, Tapia se había acomodado bajo ella y le daba con furia por el coño, con la boca y el coño llenos a reventar la zorra solo atinaba a pellizcarse los pezones y apretar mis huevos cada vez que sentía que mi verga perdía algo de rigidez.

La eyaculación era inevitable, mi desquite fue hacerlo dentro de su boca, mientras mi pene peleaba con su lengua, pues ella se negaba, al final gane y le llene  la boca de mi leche que al ser tanta se le escapaba por las comisuras.

La tome fuerte de la mandíbula para que no la escupiera y le susurre al oído

––Trágatela, trágatela no la escupas hija de puta ––en ese preciso instante Tapia la hacía llegar al clímax  mientras le daba sin piedad, en su desesperación por gritar la doña se tuvo que tragar toda… toda mi leche.

Con la boca ya despejada y entre gemidos dijo––los quiero a los dos, a los dos––entonces Tapia la hizo girar sobre sí y ahora cara a cara le metió el pene lentamente por el chocho mientras a mí me dejaban ese culo con el que tantas veces soñé, un escupitajo en la mano para lubricar al amigo y de un solo golpe se la clave hasta los huevos, así estuvimos varios minutos hasta que sin poder aguantar  más, nos corrimos unos dentro de la otra y ella sobre nosotros.

Como perros después de aparearse, nos separamos despacio ya que nos dolía todo el físico por el esfuerzo hecho, primero la saque yo, la punta de mi pene tenía un poco de su mierda, luego se incorporó ella, luego tapia que estaba como pegado al asiento de cuero por el sudor de los tres.

––Eso fue todo,  jefa ––le pregunte con ironía–– no se vista aun.

Con violencia la hice arrodillarse le acerque mi verga a la boca y la hice chupármelo, la hice comerse su mierda desde mi polla.

Tapia miraba y se masturbaba, su polla erecta de nuevo soltó un débil chorro de semen que fue a parar en los ojos de la doña, solo a quien le ha pasado sabe que arde como el infierno.

Cristina dejo mi polla para limpiarse los ojos. Con una seña le indique a Tapia que la sujetara bien, el sin decir nada la tomo por cabello y la puso frente a mi verga.

–Dígame no quiere que le lave los ojos––gruñí con furia.

Fue tarde cuando ella quiso reaccionar, mis orines corrían por su frente, lo dirigí dentro de sus ojos hasta su boca y luego a sus tetas.

––¡¡Es lo que te mereces, por perra!! ––le gruñí mientras Tapia la soltaba y ella caía sobre la alfombra mojada.

Debo confesarles que ustedes dos me gustaron desde el día en que llegaron a esta empresa, pero no sabía cómo decírselos

––Eres una loca hija de puta, sabes––le dijo Tapia mientras se vestía.

Las siguientes semanas todo fue paz y tranquilidad, ella no se atrevía a sostenernos la mirada.

Hasta que una mañana, todo volvió a pasar. Los gritos e insultos para los dos y ambos llamados a la oficina de la doña.

Pero esta vez al entrar en su oficina, no estaba sola.

Guzmán su chófer y Martínez el mensajero le daban a probar sus chupetas de carne.

––Venga chicos, no se queden ahí, hoy tengo mucho tiempo y las ganas acumuladas–– balbuceo la grande entre las putas mientras se acomodaba sobre una y chupaba la otra.

Tapia sin decir palabra alguna dio media vuelta y se fue.

No sé si lo pensé… pero el placer prometido y el pedazo de acero templado que ahora colgaba entre mis piernas me hicieron caminar y cerrar la puerta detrás de mí.

MIRROR: http://www.mediafire.com/?mlo4ucgj8cu28d2

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